Nuevas amenazas a la libertad de expresión: Discurso del odio, noticias falsas, ciberacoso

* La inseguridad de los periodistas en la era digital coexiste con la falta de transparencia de los Estados y las vallas para acceder a la información pública

* El discurso del odio, no es libertad de expresión, no es libertad de opinión. Estas dos libertades nacen y se sostienen en el respeto al otro

Zuliana Lainez Otero *

Las amenazas de siempre permanecen. El asesinato, la agresión física, la censura, la persecución judicial, no se han ido. El problema ahora es mayor. Estos ataques conviven con el denominado “discurso del odio”, las fake news -noticias falsas- y el ciberacoso.

La inseguridad de los periodistas en la era digital coexiste con la falta de transparencia de los Estados y las vallas para acceder a la información pública.

El escenario no es el mejor para una prensa plural. Los periodistas tienen que confrontar cotidianamente con la concentración de medios -que termina estrechando el mercado laboral-. En Perú, por no ir muy lejos, con un grupo que mantiene el 78% del mercado editorial la pluralidad se ve resentida. Por poner un ejemplo práctico: un periodista en disputa con algún miembro del grupo verá reducidas sus oportunidades laborales a un estrecho 22% del mercado.

Discurso del odio no es libertad de expresión

¿Qué es discurso del odio? ¿Cuándo una difamación se convierte en discurso del odio? ¿Hasta dónde se puede ser tolerante con los intolerantes?.

Vayamos al origen del problema. América Latina es un continente especialmente “cercado” por discursos del odio, discursos peligrosos socialmente consentidos. El problema salta sobre la mesa cuando en la mayoría de los países los medios se convierten en fuente de ese discurso. Cuando juegan un papel desestabilizador, cuando alientan la discriminación, la xenofobia, la violencia bajo la máscara de “periodismo”.

El discurso del odio, no es libertad de expresión, no es libertad de opinión. Estas dos libertades nacen y se sostienen en el respeto al otro.

El discurso del odio es una forma de violencia. Como tal debe ser erradicado. Vale preguntarse, ¿Los estados deberían intervenir en esto… O somos capaz de superarlo mediante autorregulación y una práctica ética? ¿Abriríamos la puerta a la censura?

El primer paso de nosotros como periodistas es atrevernos a denunciar y enfrentar el discurso del odio públicamente. Lo peor ante estas conductas es la inacción. Lo más terrible es empantanarnos en el hecho de que este tipo de discurso es difícil de definir.

Segundo, tenemos que contrarrestar su propagación. Hay países en el que el mismo se ha «normalizado». Se ha convertido en una forma natural de conducirse. A veces están en la entraña del medio mismo. En otras ocasiones brotan en procesos electorales, fuera de salas de redacción y se trasladan a ellas. O tienen orígenes históricos y afectan a las poblaciones indígenas a quienes se estigmatiza e invisibiliza.

Del lado de los medios hay editores de audiencia, defensores del lector… Pero ¿qué hacer cuando el discurso está instalado en la propia entraña del diario? ¿Quién actúa? La respuesta colectiva de la redacción del diario La Nación, de Argentina, en noviembre del 2015, tras el editorial que llamaba a pasar página de la dictadura, puede dar pistas sobre posibles soluciones para contrarrestar discurso de esta naturaleza.

Fake news is a bad news

Noticias falsas, son sin duda malas noticias. Uno escucha “fake news” y se traslada imaginariamente al tramo final de la elección presidencial de los EEUU. Uno escucha “fake news” y recuerda de inmediato lo que decía Joseph Goebbles: “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”.

Pasó en EEUU con la elección de Donald Trump, se habla de ella cuando circulan videos de ataques químicos en Siria y estuvieron en la agenda pública y mediática en las elecciones francesas.

Hoy plataformas como Facebook hablan de activar algoritmos que les permitan marcar las “noticias falsas” que circulan en la red. La gran pregunta es: ¿y quién va a determinar qué es una noticia falsa? Y la preocupación es: ¿no podrá convertirse esto en un mecanismo de censura en la red?.

La ciudadanía tiene que tener claro que “noticias falsas” no son periodismo. Que los periodistas, como categoría profesional, son los más afectados por estos bulos. ¿Cómo confrontar con miles de ciudadanos que sin saberlo -o sabiéndolo- convierten en viral información falsa de fuente desconocida?.

Ciberacoso = Silencio

El ciberacoso, las amenazas de violación y la pornografía vengativa en la red están alcanzando “proporciones epidémicas”, subraya Tara Moss, periodista y embajadora de Unicef.

Es un ataque selectivo que tiene como blanco a mujeres periodistas y blogueras -en una profesión visiblemente feminizada-. La respuesta a una opinión o investigación incómoda es el ataque a la sexualidad, la descalificación moral y el hurgar en la vida personal y familiar.

¿Qué hacer? Lo peor que puede ocurrir -y que pasa con frecuencia- es que esa mujer abandona las redes. Cierra su perfil de facebook, cierra su cuenta en twitter. Deja de tener presencia digital porque no lo siente un territorio seguro.

Con ello la derrota se consuma. El objetivo es sacar voces de mujeres del espacio digital. Voces que hoy en día en los medios siendo mayoritarias no tienen el eco que deberían.

A renglón seguido

Hay una palabra que reinó durante todo el 2016, el 2017 y lo sigue haciendo desde 2018. Por lo menos así lo confirma el diccionario de Oxford que la eligió hace dos años como el neologismo estrella. La palabra fue la “postverdad”. Llevamos años  hablando de la “postverdad”, como admitiendo a priori que existiera una “verdad revelada” y otra “verdad sentida”. El debate, cargado de ambigüedades, ya se está dando en redacciones y universidades.

Ante tanta nueva amenaza el rol que nos toca como periodistas, profesores y/o estudiantes de periodismo es claro. La libertad de expresión hay que defenderla de las amenazas históricas y de las nuevas. Desde todas nuestras trincheras, la académica, la gremial, la profesional. ¿Por qué? Simple. Porque el derecho a la palabra y sólo el derecho a la palabra es el que posibilita el ejercicio de nuestros otros derechos.

Zuliana Lainez Otero * Vice presidenta de la Federación Internacional de Periodistas (FIP). Presidenta de la Federación de Periodistas de América Latina y el Caribe (FEPALC)

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