La soledad en la vejez: un desafío único en el ocaso de la vida
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* Los años otorgan una resiliencia especial para soportarla
* No todos los ancianos se rinden ante este espectro que todos conocemos

Por Fernando Olivas Ortiz

Ciudad de México, 27 de marzo de 2025. – La soledad es una experiencia universal que atraviesa todas las etapas de la vida, pero en la vejez adquiere un matiz particular, distinto al que se vive en la infancia, la juventud o la adultez.

Mientras que en las primeras etapas la soledad puede estar ligada a la búsqueda de identidad, la falta de compañía temporal o las rupturas afectivas, en los adultos mayores se entrelaza con pérdidas irreversibles: la muerte de seres queridos, la disminución de la red social y, en muchos casos, el abandono familiar.

¿Es esta soledad más difícil de sobrellevar? ¿O acaso los años otorgan una resiliencia especial para enfrentarla?

A diferencia de otras edades, la soledad en la vejez suele llegar acompañada de un cuerpo que envejece, una mente que a veces divaga entre recuerdos y olvidos, y un entorno que se transforma a un ritmo vertiginoso.

El estrés, la ansiedad y las complicaciones de la vida moderna —como la dependencia de la tecnología o la falta de tiempo de las generaciones más jóvenes— agravan esta sensación de aislamiento. “Muchas veces se quedan sin familia ni amigos”, señala un testimonio recurrente entre quienes estudian este fenómeno, lo que convierte a la soledad en un adversario silencioso pero persistente.

Sin embargo, no todos los abuelos se rinden ante ella. Hay quienes, con una fuerza de voluntad forjada por décadas de experiencia, encuentran en la soledad un espacio para la reflexión, la creatividad o incluso la independencia.

“He aprendido a disfrutar mi propia compañía”, dice María, de 78 años, quien tras perder a su esposo y ver a sus hijos formar sus propias vidas, decidió retomar la pintura y tejer redes con vecinos. Otros, en cambio, sucumben al peso del vacío, atrapados por la melancolía o la falta de recursos para reinventarse.

La diferencia radica, entonces, en el contexto y las herramientas con las que se enfrenta. Si en la juventud la soledad puede ser un motor para buscar conexiones, en la vejez exige una lucha interna para adaptarse a lo inevitable.

Los expertos coinciden en que la sociedad tiene un rol clave: fortalecer los lazos intergeneracionales y ofrecer espacios de inclusión podría aliviar este desafío que, aunque universal, golpea con más fuerza a quienes han vivido más.


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