OAXACA: EL ESTADO QUE CONVIVE, LLORA Y RÍE CON SUS MUERTES
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Vida y muerte, un solo latido en México

Por Marco Antonio García Blas
Oaxaca, 2 de noviembre de 2025. Oaxaca no despide a sus muertos: los invita a la mesa. Entre llanto, risas y copal, la entidad transforma el dolor en fiesta anual, convirtiendo el Día de Muertos en estilo de vida.

Lágrimas que florecen
En San Agustín Etla, Juana Hernández, de 65 años, llora al colocar la foto de su hijo en el altar. Minutos después, comparte pan de yema con sus nietos. “Aquí sufre uno, pero también se ríe recordando sus travesuras”, confiesa entre velas.

Panteones que cantan
La noche del 1 de noviembre, el cementerio de Tlacolula vibra con guitarras y trompetas. Familias riegan mezcal sobre las tumbas y bailan al ritmo de “La Llorona”. “No es tristeza, es cariño que no se apaga”, dice el mariachi local José Vargas.


Tradición que mueve almas y economía
Mercados como el 20 de noviembre triplican ventas de flores, mole y chocolate. Artesanos de Ocotlán trabajan todo el año para surtir calaveritas de alfeñique. “Sin Muertos, no hay Oaxaca”, sentencia la vendedora Rosa Mendoza.

Herencia que no muere
Desde las creencias zapotecas del inframundo hasta las procesiones católicas, la entidad fusiona mundos. Niños pintan catrinas en escuelas; jóvenes organizan comparsas con disfraces de alebrijes. La muerte, aquí, es pretexto para vivir intensamente.

Oaxaca no entierra a sus muertos: los abraza, los llora y los celebra cada año, como quien recibe a un viejo amigo que nunca se va.


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