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Su “militancia de papel” se sostiene 煤nicamente por el financiamiento p煤blico que ir贸nicamente, pagamos los mismos ciudadanos

Pol铆ticamente Incorrecto//Javier Op贸n

Resulta tan simplista como peligroso reducir el clamor ciudadano que resuena en las calles de M茅xico a un mero rechazo contra un solo partido pol铆tico, quienes promueven este discurso no solo demuestran miop铆a anal铆tica, sino una voluntad calculada de secuestrar el descontento popular para convertirlo en moneda de cambio electoral. La verdadera crisis que vivimos es sist茅mica, estructural, pero sobre todo de 茅tica.

El malestar social que hoy hierve en nuestro pa铆s tiene ra铆ces profundas que ning煤n color partidista ha sabido atender, la corrupci贸n convertida en cultura de gobierno, la inseguridad que cercena libertades, la econom铆a que condena a generaciones enteras a la precariedad y al hambre. Estas heridas no distinguen entre administraciones priistas, panistas o morenistas, todas han contribuido, por acci贸n, omisi贸n o complicidad, a esta crisis.

La ceguera voluntaria de la clase pol铆tica resulta particularmente ofensiva cuando aquellos que hoy se presentan como alternativa fueron los arquitectos de este sistema fallido. Los mismos que durante d茅cadas usaron el poder para beneficio personal ahora pretenden capitalizar la indignaci贸n que ayudaron a crear. Su “militancia de papel” se sostiene 煤nicamente por el financiamiento p煤blico que ir贸nicamente, pagamos los mismos ciudadanos, si esos a los que no representan.

La met谩fora del tigre resulta especialmente elocuente, los partidos han creado leyes, comisiones y discursos para apaciguar a la ciudadan铆a, pero se han olvidado de lo esencial, devolverle el poder que leg铆timamente le corresponde. Han convertido la democracia en un espect谩culo donde rotan actores pero el guion sigue favoreciendo a los mismos intereses.

M茅xico no necesita nuevas siglas que reproduzcan viejos vicios. Requiere una reinvenci贸n radical de su vida p煤blica, donde los ciudadanos dejen de ser espectadores y se conviertan en protagonistas. El hartazgo no es contra un partido, sino contra un sistema que ha convertido la pol铆tica en el 煤ltimo refugio de los oportunistas.

Hasta que no entendamos que el verdadero cambio comienza por desmantelar esta maquinaria de simulaci贸n partidista, seguiremos condenados al eterno retorno de las mismas decepciones. La esperanza no est谩 en sustituir administradores, sino en construir un nuevo pacto social donde el pueblo deje de ser moneda de cambio de los pol铆ticos de siempre.


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