𝗚𝗿𝗮𝗰𝗶𝗮𝘀 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗮 𝗼𝗽𝗼𝗿𝘁𝘂𝗻𝗶𝗱𝗮𝗱 𝗱𝗲 𝗲𝘀𝗰𝗿𝗶𝗯𝗶𝗿, 𝗽𝗲𝗿𝗼 𝘀𝗼𝗯𝗿𝗲 𝘁𝗼𝗱𝗼 𝗽𝗼𝗿 𝗹𝗲𝗲𝗿𝗺𝗲.
* Mi introducción al mundo del análisis político y la geopolítica fue, lo confieso, más práctica que académica
* Mientras tenga teclado, mientras tenga lectores, mientras que tenga vida seguiré haciéndolo
𝗣𝗼𝗹𝗶́𝘁𝗶𝗰𝗮𝗺𝗲𝗻𝘁𝗲 𝗜𝗻𝗰𝗼𝗿𝗿𝗲𝗰𝘁𝗼 // 𝗝𝗮𝘃𝗶𝗲𝗿 𝗢𝗽𝗼́𝗻
Hoy quiero romper por una vez con el tono crítico, con la ironía, con el señalamiento punzante. Hoy quiero hablar de otra cosa. Quiero hablar de gratitud. De memoria. De ese viaje que comenzó hace treinta años, cuando un adolescente de 16 años militaba en la OST-Organización Socialista de Trabajadores- en aquel 1994 que tanto marcó a Chiapas y a México. No lo hacía para ser político —Dios me libre— sino para intentar construir, desde la trinchera del pensamiento, un mundo mejor. Más justo. Más equitativo. Donde el poder no fuera un botín sino una responsabilidad.
Mi introducción al mundo del análisis político y la geopolítica fue, lo confieso, más práctica que académica. Fue intuitiva. Fue un juego, sí, pero un juego serio. Fue la esperanza de que las cosas pueden cambiar, de que no estamos condenados a repetir la historia, de que la palabra dicha a tiempo puede ser más poderosa que una bala. Nunca imaginé que aquella afición de juventud, aquella “escuelita” improvisada entre libros prestados, conversaciones interminables y observación callejera, se convertiría un día en una columna de opinión. Y menos que esa columna —Políticamente Incorrecto— lograra encontrar un lugar en el gusto de la gente.
Pero aquí estoy. Treinta años después. Con decenas de transiciones políticas encima —del PRI al PAN, del PAN a Morena, de la esperanza a la decepción, de la decepción a la exigencia— y con la certeza de que el análisis político no es un ejercicio de poder, sino un acto de servicio. No escribo para halagar a los poderosos. Escribo para incomodarlos. No escribo para alinearme con una sigla. Escribo para mantener viva la memoria. No escribo para sumar seguidores. Escribo para que no nos acostumbremos a la injusticia. Pero también escribo en muchas ocasiones para señar los aciertos de las administraciones, de la política y sus actores, porque lo bueno también cuenta.

Por eso hoy, más que nunca, quiero decir gracias. Gracias a quienes me leen semana tras semana, aunque no siempre estén de acuerdo conmigo. Gracias a quienes se toman el tiempo de discutir mis argumentos, de cuestionarlos, de enriquecerlos. Gracias a quienes me han insultado —sí, también a ellos— porque sus críticas me obligaron a ser más riguroso, más documentado, más cuidadoso. Gracias a las fuentes que nunca revelo, a los que me han compartido información para destapar una injusticia. Gracias a mi familia, que ha soportado mi enajenación mientras escribo, mis horas frente a la pantalla, mis obsesiones con la lectura.
Gracias a Chiapas, esa tierra contradictoria y hermosa, violenta y solidaria, que me enseñó que la política no se entiende desde el escritorio, sino desde la calle. Gracias a los pueblos originarios, que me enseñaron que otra forma de hacer política es posible. Gracias a los jóvenes que se acercan a preguntarme cómo empezar, cómo escribir, cómo analizar. Ustedes son el relevo. No me defrauden.
Y gracias, sobre todo, a la vida, que me permitió convertir una afición de juventud en un oficio. En un compromiso. En una manera de estar en el mundo.
No sé cuánto tiempo más seguiré escribiendo. Lo que sé es que mientras tenga voz, mientras tenga teclado, mientras tenga lectores, mientras que tenga vida seguiré haciéndolo. Porque el análisis político no es un lujo. Es una necesidad en un país que cada día necesita más ciudadanos críticos, más memorias despiertas, más plumas que se atrevan a decir lo que muchos piensan pero pocos se atreven a expresar.
Gracias, gracias, gracias.
No es solo un título. Es un sentimiento. Es el reconocimiento de que esta columna no sería nada sin ustedes, los lectores. Los que están desde el principio. Los que llegaron después. Los que se quedan a pesar de todo.
Porque al final, Políticamente Incorrecto no es mía. Es de todos los que creen que la política puede ser mejor. Que Chiapas puede ser mejor. Que México puede ser mejor.
Gracias. En serio, de corazón.
