El autismo no es una enfermedad: es un trastorno del neurodesarrollo
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* Por qué se habla de “espectro” y cada experiencia es única

Por Juan José Perdomo

CDMX. El autismo, o Trastorno del Espectro Autista (TEA), es una condición del neurodesarrollo que afecta la manera en que las personas se comunican, interactúan socialmente, procesan información sensorial y manifiestan intereses o comportamientos. No se trata de una enfermedad contagiosa ni de algo que se “contrae” o se cura con medicamentos; es una diferencia cerebral presente desde el nacimiento o los primeros años de vida.

A diferencia de una patología tradicional, el autismo no implica que la persona esté “enferma”. Organizaciones como la OMS, los CDC y la comunidad autista lo describen como una variación natural del cerebro humano.

Muchas personas autistas lo viven como parte de su identidad (neurodivergencia), no como un malestar que deba eliminarse por completo. ¿Por qué “todos los malestares son diferentes”? El término espectro existe precisamente porque el autismo se manifiesta de formas muy variadas.

No hay dos personas autistas iguales. Algunos factores que explican esta diversidad son: • Nivel de apoyo requerido: El DSM-5 clasifica en tres niveles (1: requiere apoyo; 2: apoyo sustancial; 3: apoyo muy sustancial), según la intensidad de las dificultades en comunicación social y patrones restrictivos.

  • Fortalezas y desafíos únicos: Una persona puede tener habilidades verbales avanzadas y dificultades sensoriales intensas; otra puede ser no verbal, pero destacar en memoria o pensamiento visual.
  • Comorbilidades: Ansiedad, TDAH, epilepsia o discapacidades intelectuales pueden acompañar el TEA, pero no son universales.
  • Entorno y apoyo: El mismo rasgo autista puede generar más o menos “malestar” según el contexto familiar, educativo y social. Esta variabilidad explica frases como “si conoces a una persona autista, conoces a una persona autista”.

El espectro no es una línea recta de leve a grave, sino un conjunto multidimensional de características. healthcare.utah.edu Diagnóstico e intervención temprana El TEA suele detectarse entre los 18 meses y los 3 años, aunque hay diagnósticos en la adultez.

Intervenciones como terapias conductuales, del habla, ocupacional y apoyos educativos mejoran significativamente la calidad de vida, respetando siempre las fortalezas y preferencias de la persona.

En resumen, el autismo no es una enfermedad que “ataca”, sino una forma distinta de percibir y relacionarse con el mundo. Entenderlo como espectro ayuda a evitar estereotipos y a promover inclusión real: no se trata de “curar” a las personas, sino de adaptar la sociedad para que todos puedan desarrollarse plenament


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