* La corrupción, el tráfico de influencias, la insuficiencia presupuestal, el equipamiento limitado Dr. Xicoténcatl Reyes Bazua La seguridad pública representa uno de los principales desafíos de Culiacán. Durante años, las respuestas gubernamentales se han concentrado en aumentar policías, endurecer penas, adquirir equipamiento y desplegar operativos. Sin embargo, la delincuencia no puede enfrentarse únicamente con la fuerza. También se requieren prevención, inteligencia, coordinación institucional, profesionalización y confianza ciudadana. Un primer paso consiste en reconocer que los delitos no pueden atenderse mediante una estrategia uniforme. El robo de vehículos, viviendas o negocios exige acciones distintas a las requeridas frente a la violencia familiar, los homicidios o la delincuencia organizada. Por ello, las políticas de seguridad deben identificar lugares, horarios, víctimas, patrones y factores de riesgo específicos. Evaluar la seguridad solamente a partir de las denuncias ofrece una visión incompleta debido a la cifra negra. Es indispensable complementar los registros oficiales con llamadas al 911, informes policiales, encuestas de victimización y estudios sobre percepción de inseguridad. También deben considerarse la confianza ciudadana, el desempeño policial, los homicidios y los niveles de impunidad. Medir adecuadamente permite tomar mejores decisiones y diseñar políticas más eficaces. Otro reto se encuentra dentro de las corporaciones. La corrupción, el tráfico de influencias, la insuficiencia presupuestal, el equipamiento limitado, la falta de actualización y las condiciones laborales deficientes afectan el desempeño policial. Por esta razón, crear nuevas leyes o aumentar las penas resulta insuficiente. Culiacán necesita una policía profesional que combine prevención, proximidad, reacción e inteligencia. La capacitación permanente, las certificaciones, los ascensos basados en el mérito, los salarios dignos, la seguridad social, la vivienda y los seguros son inversiones necesarias para fortalecer las instituciones y reducir su vulnerabilidad frente a la corrupción. Existen diversos modelos que pueden complementarse. La policía comunitaria fortalece la relación con los habitantes; la policía basada en evidencia aplica estrategias con resultados comprobables; el modelo de zonas calientes concentra recursos en áreas con mayor actividad delictiva; y la policía orientada a problemas interviene sobre causas específicas. Asimismo, COMPSTAT y los esquemas guiados por inteligencia colocan los datos, el análisis y la rendición de cuentas en el centro de las decisiones. No existe un modelo único capaz de resolver todos los problemas. Las estrategias deben adaptarse a las condiciones sociales, territoriales y delictivas de Culiacán. El análisis geoespacial puede combinarse con acciones preventivas, comunitarias y de solución de problemas para detectar patrones y anticipar escenarios de riesgo. La policía de proximidad también resulta fundamental. El agente municipal conoce las colonias, calles, comercios, escuelas y dinámicas sociales de su sector. Su comunicación con vecinos, jóvenes y comerciantes puede ayudar a detectar conflictos antes de que evolucionen hacia situaciones más graves. La proximidad no sustituye la capacidad de reacción, sino que incorpora prevención e inteligencia social a la actividad cotidiana. Ninguna corporación puede enfrentar sola la inseguridad. Se requiere coordinación entre autoridades municipales, estatales y federales, Fuerzas Armadas, fiscalías, instituciones educativas, organizaciones ciudadanas y comunidades. Cada institución debe asumir sus responsabilidades y compartir información. La gobernanza de la seguridad implica reconocer que esta no depende exclusivamente del gobierno, sino de la colaboración entre autoridades y sociedad. Participación ciudadana, transparencia, rendición de cuentas, corresponsabilidad y evaluación permanente deben formar parte de las políticas públicas. El desafío de Culiacán no consiste únicamente en tener más policías o patrullas, sino en construir mejores instituciones. La seguridad pública debe evolucionar de una política reactiva hacia otra capaz de anticipar riesgos, prevenir delitos, atender sus causas y recuperar la confianza ciudadana. Este cambio es indispensable para construir un Culiacán más seguro
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* La corrupción, el tráfico de influencias, la insuficiencia presupuestal, el equipamiento limitado

Dr. Xicoténcatl Reyes Bazua

 

La seguridad pública representa uno de los principales desafíos de Culiacán. Durante años, las respuestas gubernamentales se han concentrado en aumentar policías, endurecer penas, adquirir equipamiento y desplegar operativos. Sin embargo, la delincuencia no puede enfrentarse únicamente con la fuerza. También se requieren prevención, inteligencia, coordinación institucional, profesionalización y confianza ciudadana.

Un primer paso consiste en reconocer que los delitos no pueden atenderse mediante una estrategia uniforme. El robo de vehículos, viviendas o negocios exige acciones distintas a las requeridas frente a la violencia familiar, los homicidios o la delincuencia organizada. Por ello, las políticas de seguridad deben identificar lugares, horarios, víctimas, patrones y factores de riesgo específicos.

Evaluar la seguridad solamente a partir de las denuncias ofrece una visión incompleta debido a la cifra negra. Es indispensable complementar los registros oficiales con llamadas al 911, informes policiales, encuestas de victimización y estudios sobre percepción de inseguridad. También deben considerarse la confianza ciudadana, el desempeño policial, los homicidios y los niveles de impunidad. Medir adecuadamente permite tomar mejores decisiones y diseñar políticas más eficaces.

Otro reto se encuentra dentro de las corporaciones. La corrupción, el tráfico de influencias, la insuficiencia presupuestal, el equipamiento limitado, la falta de actualización y las condiciones laborales deficientes afectan el desempeño policial. Por esta razón, crear nuevas leyes o aumentar las penas resulta insuficiente.

Culiacán necesita una policía profesional que combine prevención, proximidad, reacción e inteligencia. La capacitación permanente, las certificaciones, los ascensos basados en el mérito, los salarios dignos, la seguridad social, la vivienda y los seguros son inversiones necesarias para fortalecer las instituciones y reducir su vulnerabilidad frente a la corrupción.

Existen diversos modelos que pueden complementarse. La policía comunitaria fortalece la relación con los habitantes; la policía basada en evidencia aplica estrategias con resultados comprobables; el modelo de zonas calientes concentra recursos en áreas con mayor actividad delictiva; y la policía orientada a problemas interviene sobre causas específicas. Asimismo, COMPSTAT y los esquemas guiados por inteligencia colocan los datos, el análisis y la rendición de cuentas en el centro de las decisiones.

No existe un modelo único capaz de resolver todos los problemas. Las estrategias deben adaptarse a las condiciones sociales, territoriales y delictivas de Culiacán. El análisis geoespacial puede combinarse con acciones preventivas, comunitarias y de solución de problemas para detectar patrones y anticipar escenarios de riesgo.

La policía de proximidad también resulta fundamental. El agente municipal conoce las colonias, calles, comercios, escuelas y dinámicas sociales de su sector. Su comunicación con vecinos, jóvenes y comerciantes puede ayudar a detectar conflictos antes de que evolucionen hacia situaciones más graves. La proximidad no sustituye la capacidad de reacción, sino que incorpora prevención e inteligencia social a la actividad cotidiana.

Ninguna corporación puede enfrentar sola la inseguridad. Se requiere coordinación entre autoridades municipales, estatales y federales, Fuerzas Armadas, fiscalías, instituciones educativas, organizaciones ciudadanas y comunidades. Cada institución debe asumir sus responsabilidades y compartir información.

La gobernanza de la seguridad implica reconocer que esta no depende exclusivamente del gobierno, sino de la colaboración entre autoridades y sociedad. Participación ciudadana, transparencia, rendición de cuentas, corresponsabilidad y evaluación permanente deben formar parte de las políticas públicas.

El desafío de Culiacán no consiste únicamente en tener más policías o patrullas, sino en construir mejores instituciones. La seguridad pública debe evolucionar de una política reactiva hacia otra capaz de anticipar riesgos, prevenir delitos, atender sus causas y recuperar la confianza ciudadana. Este cambio es indispensable para construir un Culiacán más seguro.


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