J. ANTONIO MALACÓN DIAZ El Caballero de la Política

Esta historia es un homenaje en vida a una de las personalidades más relevantes y respetables de Sinaloa, quien decía “que él siempre fue un funcionario público, pero jamás un político”.
Culiacán, Sinaloa. Pudieran ser palabras confusas, pero no es así. Era su propia definición, su identidad. Su objetivo; Servir a la sociedad con ética, con decoro, con responsabilidad, honradez, integridad y rectitud personal. Seguro estoy que pocos podrán decir lo contrario, porque su trayectoria de vida es su legado para las actuales y futuras generaciones. Entregó todo sin pensar jamás en obtener algo a cambio.
“El Alzheimer le quitó su pasado, pero no su dignidad con la que vive su presente, ni el respeto de quienes tuvimos el honor de conocerlo. Ahí está la prueba de muchas generaciones de estudiantes a los que desinteresadamente apoyó, porque las buenas acciones no las derrumba ninguna enfermedad, menos las que se construyen con una vida entera de decencia”.
Hoy, el Ing. J. Antonio Malacón Díaz, reside en una casa de asistencia privada. Ahí, dónde su remembranza naufraga, otras memorias lo sostienen. Cuidadores que aprendieron su historia para contársela cuando él la olvida. Voces que le repiten quien fue, porque saben que un hombre no es solo lo que recuerda, sino también lo que otros recuerdan de él.
Nació en Navolato, Sinaloa, el 30 de septiembre de 1935. Ingeniero Civil egresado del Instituto Politécnico Nacional con especialidad en Vías de Comunicación.
Ocupó distintos puestos de relevancia en la administración pública federal y estatal, entre estos; Director de la Escuela Federal de Caminos, Director de Tránsito y Transporte en Sinaloa; Fundador y creador de la Academia Estatal de Policía, Secretario de Educación Pública y Cultura (SEPyC); Fundador y creador de COBAES. Una de sus más grandes obras fue la creación del “Centro de Estudios Justo Sierra” en Surutato, Badiraguato, (CEJUS), institución ejemplar y reconocida por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura)
En 2009, nombrado Doctor Honoris Causa por la Universidad Católica de Culiacán y en 2016, fue distinguido como Doctor Honoris Causa, por la Universidad de Occidente (UAdeO), por su compromiso y competencia en las áreas de educación y el impulso a la investigación académica.
Sus compañeros de estudios coincidieron en señalar que siempre fue “una mente brillante”, Como alumno de Cuarto Año cuando cursaba Ingeniería, al mismo tiempo era Maestro de alumnos de Segundo año en el IPN. Además, un destacado deportista en Béisbol, Futbol y campeón en salto triple. Los amigos lo conocían como “El romántico de la educación en Sinaloa”. Crea la carrera de Ingeniería Civil en la UAS, con mucho éxito y reconocimiento nacional.

En México laboró en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes. Posteriormente, en el Gobierno de Alfredo Valdez Montoya, lo nombra Director General de Tránsito y Transporte en Sinaloa. Fue creador de la primera Escuela de Tránsito en el país, en Culiacán, donde por primera vez se da la profesionalización de esta área de agentes, la mayoría neófitos. Siempre fue su particularidad imprimir un sello en las áreas donde estuvo. Fue muy exigente con todos los que trabajaron con él, les exigía lo máximo porque siempre les llevaba ventaja. Tenía todo lo necesario para ser Gobernador de Sinaloa y siempre rechazaba esa propuesta, decía que tenía muchas maneras de ayudar a su tierra, pero no a través de la política, sino de otra forma.
No era muy afecto a los reflectores, tampoco era muy afecto a las cortesías sociales. Ni estaba de acuerdo que las calles y las avenidas llevaran los nombres de los funcionarios públicos. A sus colaboradores siempre dio lecciones de vida, de honradez, de humildad, pero esto no funcionaba con todos porque tenía algunos funcionarios prepotentes, déspotas, groseros, que se creían la última Coca Cola en el desierto. Las enseñanzas del Ing. J. Antonio Malacón Díaz no funcionaba para algunos, pero no vamos a mencionar nombres porque en este documento la figura principal y el homenajeado es precisamente el Ing. Malacòn. A quien aprecio mucho y no hay necesidad de salirse de esta remembranza por cosas que ya no tienen remedio. Era un hombre extremadamente recto.
Pero el espacio donde es más amado es en la región de Surutato, estaba enamorado de esa bella tierra, a tal grado que le comentó a su mamá que quería hacer una cabaña en ese lugar y además dijo que ahí se iba a ir a vivir, y nada más se desocupaba de sus funciones de Secretario y se iba a SURUTATO y en ese tiempo nada más se llegaba a ese lugar en avioneta o helicóptero, era lo más rápido y después por el camino de terracería que estaba en condiciones muy complicadas. Y se le cumplió su sueño, apoyado por los padres de familia, maestros, alumnos y la comunidad en sí. Tener su cabaña, su sueño dorado.
Con eso viajes a Surutato, empieza a detectar cuales eran las grandes problemáticas que tenía la comunidad, en principio que era un pueblo muy permeado por las actividades ilícitas, en ese tiempo, la siembra y trasiego de estupefacientes lo que fue muy doloroso ver lo que pasaba en cuestiones de narcotráfico, deslumbrados por el dinero fácil. En ese tiempo la región estaba azotada por la OPERACIÒN CONDOR. Se vivía con mucho miedo y temor por la forma en que el Ejército trataba a la gente. La única educación que había era hasta tercero de primaria. Las demandas de educación básica en esa región no eran atendidas por la autoridad educativa porque la densidad de su población no la justificaba. Por tal motivo los niños tenían que emigrar a otras partes para poder estudiar y esos niños ya no regresaban.
El Ingeniero se dio cuenta de esta situación y dijo, aquí me necesitan, aquí puedo hacer algo, Se reunió con los padres de familia de Surutato para buscar una solución que retomara todos los temas de educación y elaborar un proyecto educativo donde los niños y jóvenes no tuvieran necesidad de emigrar a otras partes. Fue precisamente donde nació el CEJUS, porque los niños se iban a Guamúchil o a Culiacán a estudiar y ya no iban a regresar. Debido a esto se programó una reunión regional el primero de julio de 1978.
Ante esto, el Ingeniero y 3 padres de familia viajaron a la Ciudad de México a realizar la gestión, la cual no prosperó, pero les dejaron abierta una posibilidad de que presentaran un proyecto regional en busca de una solución. El ejido donó 14 hectáreas de terreno para iniciar este propósito, el cual por fin fue aprobado y los muchachos escogieron el nombre “CENTRO DE ESTUDIOS JUSTO SIERRA” conocido como (CEJUS). Los primeros años no recibieron ninguna acreditación de la SEP, hasta que se cumple con lo estipulado, y en este momento ya está reconocido; Preescolar, Primaria, Secundaria, Preparatoria, Maestría y Doctorado.
Al momento, el CEJUS tiene 48 años de fundado, de distintos éxitos, de varias generaciones egresadas, incluidos personajes de reconocimiento estatal, nacional e internacional. Esa es la magna obra que el Ing. J. Antonio Malacón Díaz deja para la posteridad. Surutato no sería hoy lo que es sin el CEJUS, gracias a la visión desinteresada de este gran hombre. Algo que en un principio parecía imposible pero que hoy es de reconocimiento mundial.
Fue una distinción para los distintos gobernadores de Sinaloa, contar con la colaboración de tan ilustre personaje, porque su grandeza como servidor público eran garantía de magníficos resultados en todas las responsabilidades que la confirieron, representando además a Sinaloa y México en diferentes partes del mundo.
Es tan amplia y reconocida la trayectoria del Ing. J. Antonio Malacón Díaz, para haber podido realizar una narrativa más extensa de su Historia de Vida. Sin embargo, es un gran honor hacerle este pequeño homenaje a través de mi humilde pluma, logrado con el apoyo de personas que estuvieron cerca de él y que me facilitaron la información y recopilación de lo aquí escrito.
Mi agradecimiento especial a cada uno de ellos.
