Cuba: una Revolución de pueblo con la impronta de Fidel Castro

Cada 13 de agosto se evoca el natalicio del Comandante en Jefe de la Revolución cubana, Fidel Castro Ruz, cuyo espíritu noble, osado y pertinaz nunca dejará de inspirar a millones de cubanos y a los que en el mundo confían en que ninguna obra humana es imposible si se lucha por ella.

La gesta revolucionaria que comenzó el 26 de julio de 1953 con los asaltos a dos importantes fortalezas militares de la dictadura de Fulgencio Batista y que luego continuó su preparación en tierra mexicana para coronarse victoriosa en el año 1959, cambió para siempre la proyección de los pueblos de América Latina y el Caribe.

El ejemplo de la Mayor de las Antillas logró desde entonces no solo simpatías en la región sino también el reconocimiento y el apoyo de las naciones vecinas. Las primeras acciones de la naciente Revolución – como fue la Campaña Nacional de Alfabetización- tuvieron la contribución de más de 300 mil maestros cubanos, a los cuales sumaron sus esfuerzos cerca de 20 educadores de Panamá, Guatemala, Ecuador, Colombia, Chile, Argentina y México.

Después de lograr la alfabetización de 707 mil 212 personas y, con ello disminuir el índice de analfabetismo al 3.9 por ciento tras la campaña de 1961, Cuba emprendió otra batalla por la elevación del nivel profesional y calidad de vida de su población que, a lo largo de seis décadas la ha colocado entre las naciones con alto desarrollo humano de acuerdo con el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo.

Ello fue posible por una política gubernamental que priorizó el acceso universal y gratuito a la educación, la salud, el deporte y la cultura, con elevados índices de alcance y reconocimiento internacional.

Según las estadísticas del PNUD, el país dedica el 12.8 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB) a la educación y el 11 por ciento a la salud, que también recibe el 27 por ciento del presupuesto estatal junto a la asistencia social.

Cuba es el único país de América Latina y el Caribe sin desnutrición infantil severa, certificado por la Unicef. Al cierre de 2017 alcanzó la tasa de mortalidad infantil más baja de sus registros, de 4,0 por cada mil nacidos vivos y apenas un año antes se convirtió en el primero en eliminar la trasmisión del VIH de madre a hijo, como validó la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Desde 2014 cuenta con una cobertura de 67,2 médicos por cada 10.000 habitantes, solo superado por Catar y Mónaco.

En abril de este año, el Doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus, director general de la OMS, agradeció a Cuba por el sistema de salud modelo que tiene, que lo hace situarse entre los mejores del mundo; al tiempo que subrayó que lo ha logrado no porque sea rica, sino porque se lo ha propuesto como un compromiso.

El mismo compromiso legado por Fidel y por la generación que hizo posible un proceso social con igualdad de oportunidades para todos en la Isla, ha hecho que más de 300 mil profesionales de la salud cubanos, bautizados por el líder revolucionario como “ejército de batas blancas” brindaran su ayuda en unos 158 países de América Latina, África y Asia ante situaciones de epidemia, desastres naturales o emergencias.

La Brigada Henry Reeve ha sido un baluarte de la solidaridad médica de Cuba desde que en 2005 acudió a Paquistán para atender a la población afectada por un devastador sismo y en 2014 se sumó a la misión sanitaria internacional contra la epidemia del ébola que azotó a Liberia, Sierra Leona y Guinea.

Otra demostración de la colaboración médica cubana es la Misión Milagro, que devolvió la visión a más de tres millones de personas en Latinoamérica y el Caribe de manera gratuita, además de asistir a pacientes con cataratas y otras enfermedades oculares en cerca de 35 países.

Este programa, insertado en el esquema de cooperación de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de América (ALBA), se unió a otros de diagnóstico clínico-genético y psicosocial a personas con capacidades diferentes en seis naciones integrantes de ese mecanismo.

En el marco del ALBA, los cooperantes cubanos también han coadyuvado a mejorar la salud de millones de personas en países caribeños como Antigua y Barbuda, Santa Lucía, Dominica y San Vicente y las Granadinas; además de Bolivia, Ecuador, Nicaragua y Venezuela.

El hecho de contar con un gran potencial humano ha posibilitado que los galenos cubanos estén presentes en más de 67 naciones donde la sanidad pública requiere de mayores esfuerzos.

Al cumplirse el décimo aniversario de la creación del ALBA, el General de Ejército Raúl Castro Ruz, entonces presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba, se refirió a la formación de médicos integrales comunitarios en América Latina y el Caribe, con casi 24 mil graduados en 2014 gracias a programas de ese bloque regional, sustentado en la solidaridad, la cooperación, complementariedad y comprometido con la preservación de la vida.

Igualmente, la Escuela Latinoamericana de Medicina, proyecto que nació de la aspiración genuina de contribuir con el mejoramiento de los indicadores sanitarios de los pueblos que más lo necesitan, ha graduado desde el 2005 a más de 28 mil 500 médicos de 103 países con una visión integral de la medicina desde el punto de vista de los diagnósticos clínicos y su papel en las comunidades.

Esa premisa de la ELAM fue adelantada por el Comandante Fidel desde la inauguración del centro universitario cuando dijo:

Habrán de regresar con tanta ciencia como conciencia”. Luego de describir las complejidades del entorno internacional, caracterizado por extraordinarios desafíos en el orden político, económico y social que ponían en condiciones de desigualdad a muchos habitantes del planeta, subrayó que para revertir esa realidad era y continúa siendo imprescindible fortalecer la unidad de nuestros pueblos.

La Isla caribeña ha abierto sus puertas a miles de estudiantes extranjeros de 137 nacionalidades, quienes se han graduado de distintas carreras en las más de 20 universidades que existen en el país.

Hasta 2017, el Ministerio de Educación Superior cubano registraba 11 mil 223 estudiantes extranjeros de 133 naciones, de ellos mil 525 en carreras universitarias, como resultado de los programas de becas y convenios con cerca de ocho países de América Latina, Asia y Europa.

El sistema educativo de Cuba ha aportado también su metodología para alfabetizar alrededor de 5 millones de personas adultas en 28 países mediante el programa “Yo sí puedo”, surgido en 2001 a partir de la experiencia de un grupo de educadores cubanos en Haití. Concebido con un carácter internacionalista, especialmente latinoamericanista, y para ser adaptado a diferentes realidades sociales y lenguas, llevó a cabo exitosas campañas en Guinea Bissau, Bolivia, México, Argentina, Ecuador, Perú, y otros países de la región.

Precisamente por su aplicación efectiva en los países antes mencionados, este programa recibió el Premio Alfabetización 2006 Rey Sejong de la UNESCO, otorgado al Instituto Pedagógico Latinoamericano y del Caribe de Cuba (IPLAC) como artífice de esta iniciativa por la promoción de un sistema de alfabetización que abarca, además de los métodos y recursos para el aprendizaje, las competencias para la vida diaria y la movilización social de todos los actores: desde los beneficiarios de la alfabetización hasta los organismos estatales y otras instituciones.

La educación cubana se ha mantenido como una prioridad de la política social de la Revolución y ni aún en las condiciones más adversas de la crisis económica de la década de 1990 cuando la nación quedó desprovista de todo acceso a materiales o financiamiento, quedaron niños sin escuela; incluso los que viven en las zonas montañosas tienen sus maestros y aulas que funcionan con paneles solares si no hay electricidad.

El acceso universal y gratuito se aplica a todos los niveles y tipos de enseñanza, a los programas de atención especial para niños con requerimientos diferentes en el aprendizaje, a los de adultos mayores y escuelas especializadas en deportes y artes.

La cultura en particular recibió especial atención por el gobierno revolucionario que hizo de las artes, consideradas de élites anteriormente, un valor masivo y sin distinciones.

El cine, la literatura, la pintura, el teatro tuvieron un gran impulso desde 1959 a partir de la creación de un marco institucional representativo como el del Consejo Nacional de Cultura –ahora Ministerio de Cultura-.

En marzo de ese mismo año se creó el Instituto Cubano del Arte y la Industria Cinematográficos (ICAIC) que dio paso a una nueva estética creadora y más adelante promovió el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana que pronto arriba a su edición número 40 y constituye una importante plaza para los realizadores del área.

La imagen fue tan fundamental como la palabra durante los años fundacionales de la Revolución, por lo que se potenció el desarrollo de la Imprenta Nacional –actual Instituto Cubano del Libro-, la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños (EICTV), auspiciada por el Premio Nobel de Literatura Gabriel García Márquez; la Escuela Nacional de Arte, seguida por el Instituto Superior de Arte (ISA); la Escuela Nacional de Artes Plásticas de La Habana y más tarde las sedes de algunas de estas instituciones en el resto de las provincias.

El Ballet Nacional de Cuba, de renombre internacional, contó también con el apoyo gubernamental y en especial de Fidel quien, como detalla su directora, la prima ballerina assoluta Alicia Alonso, siempre ofreció su ayuda con cariño y respeto, “preguntando sobre mi trabajo artístico, pidiendo detalles sobre las actividades del Ballet, sus logros y necesidades”.

Fidel, el discípulo más leal del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, defendió firmemente el precepto «trincheras de ideas valen más que trincheras de piedras», que aparece en el ensayo Nuestra América, de mucha vigencia en la hora actual de América Latina.

Por la cultura y el patriotismo se sostiene la soberanía y bienestar de un país y la Revolución cubana es la consecuencia indiscutible de una proeza ciudadana, es la expresión de los valores de millones de cubanos y es la impronta de Fidel.

La poetisa Carilda Oliver Labra deja sentir lo mismo en su Canto a Fidel:

Gracias por ser de verdad,

gracias por hacernos hombres,

gracias por cuidar los nombres

que tiene la libertad/

Gracias por tu corazón.

¡Gracias por todo, Fidel!

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