CULIACANAZO

Revista InterContinental
Ciudad de México
Rafael Báez Molina

El jueves 17 de octubre jamás será olvidado por la sociedad de Culiacán, de repente de una mañana tranquila a una mañana radical, la ciudad convertida en un estado de sitio, de terror, de muerte, de no saber qué estaba pasando, pero el olor a pólvora se encontraba en el aire. Entonces empezaron los rumores y entró en acción el famoso “teléfono descompuesto”, las redes sociales a todo lo que daban, generando información y desinformación que hizo cimbrar hasta el más valiente. Los primeros rumores que iniciaron es que los cuerpos policiacos habían ejecutado a Ovidio Guzmán y detenido a su hermano Archivaldo en las inmediaciones de la Fiscalía General de Justicia en el Desarrollo Urbano 3 Ríos, que al enterarse de lo anterior de inmediato fue sitiado Culiacán por integrantes del Cártel de Sinaloa, quienes venían a cobrar caro lo sucedido. Y mientras la desinformación estaba a todo lo que daba, entre los conductores se comentaban que no se acercaran a la zona antes señalada, porque corrían el peligro de perder la vida por una bala perdida, qué incluso los pistoleros se habían atrincherado e instalado retenes en distintas partes de la ciudad, quienes les decían a los automovilistas de manera firme que se desviaran por otras partes porque la guerra no era con ellos y lo que menos deseaban era que muriera gente inocente, recomendándoles que mejor se refugiaran en sus casas. Al poco tiempo las calles de Culiacán quedaron desiertas, solo circulaban quienes iban en busca de sus familiares donde fue la zona de guerra, pero mostrando el pánico en el rostro.

Poco tiempo después cambió la versión de los hechos, que no era cierto que habían ejecutado al joven Ovidio y que el detenido no era su hermano Archivaldo sino él, quien se encontraba bien. Los pistoleros dejaron en claro que iban por todo si no les entregaban a Ovidio Guzmán, dejando en el trayecto varios vehículos y camiones quemados, la fuga de alrededor de 50 presos de la cárcel de Culiacán, la amenaza latente de matar a familiares de miembros del ejército en sus condominios si no soltaban a Ovidio. Y sucedió lo que los sicarios solicitaban, Andrés Manuel López Obrador ordenó que fuera liberado el joven Guzmán, que si de eso dependía salvar la vida de una persona su orden estaba bien justificada. Decisión que fue tomada con simpatía por la ciudadanía. Tras esa decisión en apariencia regresó la calma a Culiacán, sin embargo la mayoría de los empresarios optaron porque al día siguiente (viernes), sus empleados y trabajadores de los diferentes sectores no se presentaran a laborar como una medida de apoyo para que se protegiera la integridad tanto de ellos como de sus respectivas familias.

Lo que sí es un hecho, es que difícilmente se sabrá la cifra verdadera de cuántos fueron los muertos del “jueves negro” en Culiacán, La autoridad tiene sus datos pero no son muy creíbles y del bando delincuencial son muy discretos en esto. Entonces ¿Cuál es la verdad en cuanto a los daños colaterales?.¿Qué sucedió realmente?, ¿por qué fue una acción fallida?. Al padre de los muchachos lo capturaron 3 veces sin dispararse un solo tiro. Lo cierto es que las fuerzas armadas del Ejército y la Marina se sienten agraviados, humillados, por la manera de cómo está actuando el Gobierno de la Cuarta Transformación, ¿quién va a pagar por esto?. Cuántas mesas de análisis se han realizado en el país preguntándose lo mismo, incluso con la presencia del Secretario de la Defensa Nacional, Luis Crescencio Sandoval; al Almirante, José Rafael Ojeda Durán y al

Secretario Nacional de Seguridad, Alfonso Durazo. Se han realizado muchas conferencias de prensa de esto pero sigue el silencio, se evaden las preguntas y respuestas, lo sucedido en Culiacán ha ocasionado mucho ruido, muchas imágenes pero nada de claridad, se le acusa al Secretario Durazo de ser el responsable de esto, quien por dignidad debería renunciar al cargo, solo mentira tras mentira y que el cargo le ha quedado muy grande, que hasta el momento no ha podido con el paquete ni con su responsabilidad.

5 días después de lo sucedido en Culiacán, la élite del Ejército mexicano encabezada por el Secretario de la Defensa, Crescencio Sandoval, en un desayuno en la Ciudad de México,, donde estaban más de 500 generales, retirados y en activo, se fijó la posición de las fuerzas armadas de manera diplomática en voz del prestigiado General, Carlos Demetrio Gaytán Ochoa, quien dijo lo siguiente “Nos sentimos agraviados como mexicanos y ofendidos como soldados”, esto por lo ocurrido en Culiacán. Luego de hacer saber que hablaba cuidando sus palabras “quién aquí ignora que el alto mando enfrenta, desde lo institucional, a un grupo de halcones que podrían llevar a México al caos y a un verdadero estado fallido”. La interrogante planteada por el prestigiado militar siguió, si el referido reto viene desde lo institucional, “de qué halcones hablaba”. Sí no son del propio Ejército solo pueden estar en el mando civil, ¿acaso se refería al Secretario Durazo?. El General Gaytán dijo también, “vivimos en una sociedad polarizada políticamente porque la ideología dominante, que no mayoritaria, se sustenta en corrientes pretendidamente de izquierda que acumularon durante años un gran resentimiento”. No se puede negar que el titular del Ejecutivo ha sido empoderado legal y legítimamente, sin embargo es también una verdad inocultable qué los frágiles mecanismos de contrapeso existentes han permitido un fortalecimiento del Ejecutivo que viene propiciando decisiones estratégicas que no han convencido a todos “toda vez que fuimos formados con valores sólidos, que chocan con las formas con que hoy se conduce al país”. Todo lo anterior concluye que es un hecho la preocupación de los militares por el estado en que se encuentran las cosas. Y falta mencionar todavía las palabras del Presidente de la República…de los rumores de un posible golpe de estado. Por lo pronto son solo eso…solo palabras. México no está preparado para una acción de esa naturaleza, ni tampoco se desea.

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