La Fórmula Mágica: Educarse, Organizarse, Luchar y Trabajar

*  Al pueblo le ha faltado claridad, le ha faltado educación, le ha faltado entender que para triunfar es necesario organizarse

Hersilia Córdova Morán

Constantemente, cuando veo en las calles las condiciones que viven miles y miles de mexicanos, y los noticieros reportan las tragedias que se han sumado a los más vulnerables me pregunto, ¿por qué aceptamos vivir en la pobreza y en algunos casos en la pobreza extrema? ¿Por qué aceptamos la cancelación de programas que han demostrado su eficiencia? ¿Por qué nos resignamos ante la pandemia? ¿Por qué no nos rebelamos ante la tragedia de los tabasqueños? ¿Por qué nos resignamos a que un buen porcentaje de mexicanos dejen de estudiar por carecer de la  tecnología que exige la enseñanza virtual? ¿Por qué aceptamos que se usen nuestros recursos de manera improductiva? ¿Por qué permitimos que se legisle en favor de los intereses de un grupo, desconociendo las necesidades de todos los mexicanos?.

Éstas y otras preguntas vienen una y otra vez a trastornar mi ánimo, y aunque ayudar a los hermanos de tabasco o escribir mi inconformidad  me da un poco de consuelo, no puedo dejar de ver que son acciones que no van más allá de una buena voluntad, y que la verdadera solución sigue esperando cientos de miles de cerebros, brazos, corazones, voluntades que se decidan a educar, a organizar al pueblo de México.

Estoy profundamente convencida de que esa es la solución. Tenemos que entender quién es y qué papel juega el gobierno en la sociedad, que mientras en el poder político no haya hombres y mujeres que sientan en los huesos y la carne las necesidades más acuciantes del pueblo de México, no trabajarán en favor del mejoramiento del mismo y tampoco lucharán por sacarlo adelante. El problema cambiará de manos, de personajes, pero la solución seguirá esperando.

En todas las etapas turbulentas de nuestra patria, la meta ha sido clara: conquistar el poder político para cambiar la situación de injusticia que priva en determinada época. Estas batallas siempre las han dado los que comprometen todo, incluida la vida, con la fe puesta en un verdadera transformación. Pero en todas estas etapas, también el verdadero adalid, el pueblo sufriente, ha salido perdedor y se ha quedado fuera del poder.

Y otra vez llegan la inquietud y las preguntas, ¿por qué si el pueblo es el que pone la cuota de sangre para satisfacer sus aspiraciones, es este el que siempre se queda al margen? ¿Por qué no ha defendido su derecho a recoger la recompensa de su triunfo? ¿Será la respuesta que no le ha quedado claro el verdadero objetivo a perseguir? ¿Será que se ha sentido incapaz de ejercer el poder y por eso deja que otros lo hagan?

De una cosa debemos estar seguros… al pueblo le ha faltado claridad, le ha faltado educación, le ha faltado entender que para triunfar es necesario organizarse, que si bien es cierto que ha luchado, ha luchado por las banderas de otros, no ha defendido su verdadera causa y al final otros se han beneficiado de su lucha y de su sacrificio; si bien es cierto que ha trabajado, pero el producto de su trabajo ha servido a otros intereses y todo esto ha sucedido así debido al desconocimiento de la realidad social y de su desorganización.

Sin embargo, es posible corregir el rumbo y poner las cosas en su lugar. Es el momento del pueblo humilde. La realidad está gritando la urgencia de educarnos, organizarnos y luchar, sí, luchar por una meta clara y precisa: la conquista del poder político en favor del pueblo. Solo cuando las masas cuenten con representantes claros, inteligentes, valientes y decididos, nacidos de su entraña, en el gobierno de este país; tendremos el arma necesaria e insustituible, para cambiar su destino.

Tenemos que defender nuestra causa encaminada a consolidar el trabajo favor del pueblo, por eso es loable que ayudemos a nuestros hermanos  tabasqueños en desgracia, que hagamos teatro, que cantemos, que bailemos y declamemos, pero como hiciera el gran prócer Miguel Hidalgo que al par que fusilaba, bendecía, al mismo tiempo y prioritariamente, debemos educar políticamente a nuestros hermanos de clase, tenemos que organizarlos, tenemos que entusiasmarlos para que abracen la bandera de una real transformación y no sólo de nombre.

Ya no más renuncias, ya no más suplantaciones, ya no más maniobras, llevemos a los verdaderos representantes del pueblo al poder, es fácil distinguirlos, son todos aquellos que hablan con claridad, que dicen la verdad por cruda que sea, aquellos que sin despreciar el discurso, son capaces de pasar a los hechos. Eso garantizará el verdadero triunfo del pueblo. ¡Enhorabuena!

 

 

 

 

 

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